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Si dos años atrás alguien hubiera augurado la situación que atraviesa hoy el cine argentino en este momento, pocos hubieran escuchado esas agoreras campanas y ese alguien hubiera sido tachado, como mínimo, de pesimista.
Era entonces un INCAA participativo y abiertamente democrático como nunca antes se había visto, con intenciones que se mostraban claras para transitar un camino hacia la transparencia.
Se esperaba un Fondo de Fomento que crecería y crecería, pensado para que se retroalimentara dentro del sistema. Los créditos otorgados se compensaban rápidamente con los subsidios generados. El proyecto se convertía en obra velozmente. La industria toda confiaba, más allá de sus diferencias, en ese máxima.: cuánto más rápido fuera el ciclo industrial de convertir un proyecto en una película, mejor para el sistema.
Desde el 2008 toda la industria se encolumnó para impulsar una nueva “Ley de Medios”. Se olvidaron diferencias corporativas y políticas. Se pensó colectivamente en una Ley que brindara más recursos y mejores condiciones a las producciones nacionales.
Los planes de Fomento se corregían consensuadamente para perfeccionar el sistema año tras año. Entre todos los actores del proceso industrial del cine se utilizó como instrumento la discusión y el debate para corregir injusticias, errores y abusos.
Ese sistema hace que día a día esos fondos crezcan sin cesar. Cada día es un nuevo record los recursos que ingresan al INCAA.
Además estamos en épocas de recaudaciones record tanto generales como para el segmento que corresponde al cine argentino. Y por si fuera poco una película argentina se alza con un premio “Oscar”. Durante cierto tiempo todos nos repetíamos unos a otros la muletilla “este premio beneficia a la industria toda”. Era un saludo, una oración bendita, al fin y al cabo una frase que enmarcaba tanto el orgullo de pertenecer a esta industria como la esperanza de seguir creciendo.
Justo en este momento donde se navegaba en el mar más rico y fértil posible, cuando en el horizonte se adivinaban aún más posibilidades de superarnos, se decidió parar las máquinas y anclar el barco. ¿Qué pasó? ¿Por qué detenernos durante un año? “A esperar” nos dicen. ¿A esperar que? “A esperar que las cuentas se equilibren” nos repiten.
“En el 2011 las cuentas estarán equilibradas” es lo que nos comunican.
Supongamos que directores, productores, técnicos, actores y proveedores de la industria de cine convencen a sus familias que debemos resignarnos a esperar un año hasta “que las cuentas cierren. Si hay hoy más de 700 funcionarios es para tener un INCAA eficiente y eficaz. Para que queremos un elefante burocrático con una industria pobre.
Alguien debería alzar la bandera para recordar el objeto del INCAA, una bandera que lleve pintada el fragmento del artículo 1º de la Ley 17.741: “FOMENTAR A LA CINEMATOGRAFIA NACIONAL”.
Con humildad y respeto, los socios de UPACI, creemos que la solución propuesta de esperar un año, seguramente no sea la adecuada.
El que viene es un año electoral, donde hay mucho en juego, y en el cual, se atenderán con más solicitud las urgencias políticas que nuestras necesidades sectoriales. Al momento que esa lucha electoral cobre fuerza, los actores de este juego ya estaremos descartados después de un año de inacción. Luego habrá que esperar a las elecciones, y a que asuman las nuevas autoridades. Más habrá que esperar que los nuevos funcionarios se adecuen a su nueva situación. Será entonces abril de 2012 cuando se empiece a calentar el motor del cine otra vez para ver los resultados en el 2013.
No podemos esperar dos años para volver a encender el motor.
Hoy todo parece indicar que para el INCAA fuera necesario ralentar el ciclo desde el proyecto a la obra estrenada. Se pretende hacer que ese ciclo tome tres años en completarse sea tomado como normal. Para el productor tener que pedir prorroga tras prorroga para cumplir con las obligaciones propias sin que el Organismo asuma su responsabilidad, acaso sus incumplimientos parece que debiera tomarse como normal.
Compartimos el diagnóstico el editorial difundido por DAC, y nos ofrecemos a colaborar en lo que sea para buscar una solución.
Respecto al Comunicado Difundido ayer por el INCAA sólo agrega confusión: no explica lo que se insume en salarios y en otros gastos, ni aclara cuanto de esos subsidios declarados se compensan con créditos otorgados en ejercicios anteriores (por lo que no significan un egreso de caja). Tampoco “se determinan las causas de tal situación” luego de las reuniones con AFSCA y AFIP.
Sería ideal poder sentarnos a dialogar sin tantas inexactitudes y poder ayudar a la comprensión de las causas a fin de agravar el problema.
Debemos unirnos una vez más todas las entidades, sociedades de gestión y sindicatos para poder mirar de frente a la realidad que nos toca, sin aceptar explicaciones sesgadas y analizando la situación. Es tiempo de revisar las cuentas, y poder auditar en que se está yendo el dinero.
Esclareciendo la situación podremos formular soluciones.
Convocamos a todas las entidades a discutir esta situación crítica.
La nuestra es una industria que convierte ideas en productos.
Esta vez produzcamos ideas entre todos los actores de esta obra.
UPACI
www.upaci.com.ar
Buenos Aires, 8 de Julio de 2010
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